Dulces 16
Aún lo recuerdo como
si fuese ayer; el viaje más largo de mi vida, el que nunca olvidaré. Para
muchos será una exageración, pero para mí era el mejor regalo de cumpleaños.
Tanto tiempo esperando por este día. Por fin iría a un concierto, pero no a
cualquiera, sino que vería a mi banda preferida en ese entonces: Metallica. La
cita era el lunes 2 de marzo del 2010, Estadio 3 de Marzo en Guadalajara, Jalisco.
Eran las seis de la mañana.
Mi mamá se tomó la molestia de levantarme por la mañana, como lo hacía en los días
de la primaria. Con pequeños cosquilleos en la espalda, molestándome
para que me levante. “Vicky, levántate, tu papá ya viene por ti”, me dijo.
Esta vez no hice berrinches para despertarme, como lo hacía en la primaria. Me vestí;
tenis blancos, jeans y no podía faltar
mi playera de Metallica.
Llegamos a la
central de autobuses del norte a las 8 horas. Había ajetreo, veía gente llegar e
irse. Próximamente sería una de ellas. Nuestro autobús saldría 8:30. Vi que no
éramos los únicos que viajaríamos hacia Guadalajara; llegaron personas portando
playeras negras o con el logo de Metallica. Vocearon el autobús de las 8:30 y
subimos. Nos esperaba un viaje de ocho horas, el cual esperaba que terminara
pronto.
Durante el viaje trataba de dormir, pero los nervios y la emoción eran
más fuertes que el cansancio. Mi papá y yo hacíamos listas de canciones que nos
hubiera gustado escuchar en el concierto.
Llegamos 16:40 horas al estadio; grande e imponente. Aun no llegábamos a nuestro lugar y ya tenía
lágrimas a punto de salir por ver a toda esa gente reunida por una razón.
Exactamente
a la 21:10 horas se apagaron las luces, la gente emocionada –incluyéndome- gritó
loca y desesperadamente. Ecstasy of Gold, la canción con la que abren los
conciertos y las escenas extraídas de la película The Good the Bad and the
Ugly dieron inicio a una serie de muchas emociones. Sentía que mi garganta se desgarraba mientras un par de lágrimas rodaban por mis
mejillas. Gente de todo México nos dimos cita para gozar de un espectáculo
maravilloso. Al término del concierto, se veía a toda la gente satisfecha,
alegre y sin palabras para expresar una opinión por el concierto.
Comenzó a hacer
frío a la salida del concierto, pero a mí ya no me importó, faltaría mucho tiempo
para mi siguiente visita. Sentada en el autobús, yacía ahí, exhausta, recordando algunas
imágenes de aquel concierto, esperando llegar a nuestro destino.