domingo, 26 de mayo de 2013


Dulces 16

Aún lo recuerdo como si fuese ayer; el viaje más largo de mi vida, el que nunca olvidaré. Para muchos será una exageración, pero para mí era el mejor regalo de cumpleaños. Tanto tiempo esperando por este día. Por fin iría a un concierto, pero no a cualquiera, sino que vería a mi banda preferida en ese entonces: Metallica. La cita era el lunes 2 de marzo del 2010, Estadio 3 de Marzo en Guadalajara, Jalisco.

Eran las seis de la mañana. Mi mamá se tomó la molestia de levantarme por la mañana, como lo hacía en los días de la primaria. Con pequeños cosquilleos en la espalda, molestándome  para que me levante. “Vicky, levántate, tu papá ya viene por ti”, me dijo. Esta vez no hice berrinches para despertarme, como lo hacía en la primaria. Me vestí; tenis blancos, jeans  y no podía faltar mi playera  de Metallica. 

Llegamos a la central de autobuses del norte a las 8 horas. Había ajetreo, veía gente llegar e irse. Próximamente sería una de ellas. Nuestro autobús saldría 8:30. Vi que no éramos los únicos que viajaríamos hacia Guadalajara; llegaron personas portando playeras negras o con el logo de Metallica. Vocearon el autobús de las 8:30 y subimos. Nos esperaba un viaje de ocho horas, el cual esperaba que terminara pronto. 

Durante el viaje trataba de dormir, pero los nervios y la emoción eran más fuertes que el cansancio. Mi papá y yo hacíamos listas de canciones que nos hubiera gustado escuchar en el concierto.

Llegamos 16:40 horas al estadio; grande e imponente. Aun no llegábamos a nuestro lugar y ya tenía lágrimas a punto de salir por ver a toda esa gente reunida por una razón. 

Exactamente a la 21:10 horas se apagaron las luces, la gente emocionada  –incluyéndome- gritó loca y desesperadamente. Ecstasy of Gold, la canción con la que abren los conciertos y las escenas extraídas de la película The Good the Bad and the Ugly dieron inicio a una serie de muchas emociones. Sentía que mi garganta se desgarraba mientras un par de lágrimas rodaban por mis mejillas. Gente de todo México nos dimos cita para gozar de un espectáculo maravilloso. Al término del concierto, se veía a toda la gente satisfecha, alegre y sin palabras para expresar una opinión por el concierto.

Comenzó a hacer frío a la salida del concierto, pero a mí ya no me importó, faltaría mucho tiempo para mi siguiente visita. Sentada en el autobús, yacía ahí, exhausta, recordando algunas imágenes de aquel concierto, esperando llegar  a nuestro destino.