domingo, 9 de junio de 2013

Casi vendedora


Recuerdo varias vivencias durante la primaria. Durante esos seis años me caractericé por ser  de las más aplicadas del salón. Fui así porque mi mamá me exigía cumplir con tareas. Los primeros años ella me ayudaba a resolverlas, con el paso del tiempo las hacía por mí misma. Mi mamá solo me permitía tener de calificación un nueve o un diez. Recuerdo sus palabras: “Para mí un ocho es como si reprobaras”, y en tercer grado saqué mi primer ocho.  

En tercer año tuve  la materia de Ciencias Naturales. Había temas que no me quedaban claros. Uno de ellos fue “La Fotosíntesis”. Me preparaba para el examen haciendo cuestionarios sobre los temas vistos en clase; pero a pesar de eso seguía sin comprender ese tema.

Llegó el día del examen. Recuerdo haber respondido algunas preguntas sin problema, hasta que llegué al tema de fotosíntesis. No supe responder las preguntas sobre las partes de la planta y sus funciones. Había respondido cualquier cosa, sabiendo que no estaba bien.

El día que nos entregaron calificaciones me sentía nerviosa y preocupada, ya que no había salido bien en el examen. Conforme al orden de lista, la maestra mencionaba el nombre y la calificación. La siguiente sería yo y mencionó: “Vicky, ocho”.  En ese momento me preocupé e imaginé el gran regaño que me daría mi mamá. Ese día ella fue por mí a la escuela y tuve que decirle mi calificación. No me regañó, solo se le notaba la cara de molestia y me dijo: “Si vuelves a sacar esa calificación, te pondré a vender chicles fuera del metro”. No me imaginaba en esa situación y  comencé a llorar y le dije a mi mamá: “Te prometo que saldré bien para el siguiente examen”.  Esa preocupación duró algunos días.

Cuando salía con mis papás a pasear, en el camino veía a vendedores ambulantes, me imaginaba yo en el lugar de ellos y me sentía triste por porque no quería terminar haciendo eso.

Para la siguiente evaluación estudié como lo acostumbraba. Hacía cuestionarios y los memorizaba. No sólo en Ciencias Naturales, sino en otras materias. Esta vez me había ido mejor, ya que los temas vistos los había comprendido sin problema alguno. El día de entrega de calificaciones no recibí ninguna mala nota, llegando con mi mamá feliz porque sabía que ya no optaría por mandarme a vender chicles.



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